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La isla sin nombre

Café

La última taza de café recalentado, el último sorbo que se desprecia. Los posos dejan un dibujo que no sé identificar, agito una voluta manchada de sueño. La historia que me ronda sigue su embarazo elefantino y triste, sin ecografías, ni sexo previsible para el juego de otorgarle un nombre. Fraguo ese monstruo con recelo y pesadez, leo informes de su horror de manicomio abandonado, y no soy capaz de escribir nada, como si asumiera la ley de silencio del hombre destruido y humillado para siempre.

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